El satélite bajará costos en el campo, no en ciudades

El Gobierno no prevé que la compra del satélite Túpac Katari genere un impacto significativo en los precios de los servicios de telefonía celular, Internet u otros en áreas urbanas, donde es más económico para las empresas operadoras llegar a través de fibra óptica y antenas repetidoras, que por el servicio satelital. Sin embargo, los costos se abaratarán en el área rural, sobre todo en los lugares donde hasta ahora no hay servicio de telecomunicaciones por la fuerte inversión que representaría. Así lo confirmó el director general interino de la Agencia Boliviana Espacial (ABE), Iván Siles.

“Dentro de las ciudades no tendrá un gran impacto en los precios, pero sí en los costos para áreas rurales, sobre todo porque se necesita más infraestructura para llegar (hasta allí), se requieren más antenas y con un satélite prácticamente van a poder recibir (el servicio) a un costo similar al que tienen en las ciudades”, explicó Siles.

La ABE fue creada por el Gobierno en febrero de 2010 con la misión de gestionar y ejecutar el proyecto del satélite, que será adquirido por casi $us 300 millones a una empresa china. Se destinó $us 1 millón de presupuesto de arranque para esta institución pública descentralizada.

Siles también aclaró que los costos que ofrecerá el satélite a las operadoras privadas en el país no serán mucho menores que los que hoy tienen para alquilarse espacios en satélites de otros países. “Hay estándares y precios internacionales, no podemos bajarnos mucho, el mismo satélite tiene que pagar la inversión que se está haciendo, entonces el rango de los precios por el que nos vamos a manejar será el del mercado, si no estaríamos afectando al proyecto que debe pagar un crédito”, explicó. Sin embargo, aseguró que tener esta tecnología les permitirá ofrecer un servicio más personalizado, si hay reclamos podrán hacerlos en el país y, sobre todo, las empresas van a poder sacar factura con valor nacional.

¿Se inicia la era espacial en Bolivia? Es la pregunta que lleva a la controversia. Algunos ingenieros consultados por EL DEBER creen que apenas es un paso en el mejoramiento de la tecnología y otros consideran que verdaderamente arranca la carrera espacial en el país.

Carlos Giacoman, presidente del Colegio Nacional de Ingenieros Eléctricos y Electrónicos, dijo tener más preguntas que respuestas, porque hasta el momento el Gobierno solo ha hecho anuncios y no se ha dado una información más técnica y detallada sobre la estrategia que tendría que tener Bolivia para que se justifique la inversión millonaria. “El Gobierno puede tener su estrategia desde el punto de vista geopolítico o de otro ángulo, pero eso no lo podemos analizar. Tenemos más preguntas que opiniones”, justificó.

Según Giacoman, en este tema es muy importante ver el costo-beneficio y la viabilidad del proyecto. “Si me gusta el fútbol, no necesariamente tengo que comprarme un estadio, lo mismo pasa con el satélite… es una inversión muy fuerte para un país como el nuestro que debería responder a un beneficio real”, dijo.

Contrariamente, el ingeniero aeroespacial Juan Manuel Cárdenal dijo que “definitivamente, al contar con un satélite propio en órbita, Bolivia comenzará a aprovechar de manera autónoma e independiente las tecnologías espaciales”. Sin embargo, reconoció que desde hace años el país hace uso de servicios desde el espacio, como televisión y telecomunicaciones satelitales, imágenes y mapas, GPS y Glonass para navegación por satélite a través del alquiler, la compra o el uso de servicios gratuitos de otros países que controlan sus satélites.

En todo caso, desde 1964  (casi medio siglo) Bolivia es parte de Intelsat, creado por varios países como un sistema de provisión de servicios de comunicaciones por satélite. Lleva telefonía, televisión y servicios de distribución de datos a diferentes puntos.

Para el ingeniero electrónico y jefe de la carrera de esa área en la Escuela Militar de Ingeniería (EMI), capitán Marco Antonio Guisbert, el ingreso a la era espacial representa una secuencia de eventos que pueden partir con la compra de un satélite, pero que deben alcanzar el desarrollo de nueva tecnología, la fabricación de repuestos y otros proyectos.

En todo caso, consideró que el satélite permitirá llegar a comunidades del área rural donde las empresas no lo hacen, porque no es rentable.

Guisbert explicó que la tecnología satelital ya es utilizada por el Ejército en los puntos más recónditos del país, a través de pequeñas antenas que se llaman VSAT (Very Small Apertura Terminal), aptas para recibir la señal de un satélite venezolano. Las Fuerzas Armadas poseen nueve en el país y son trasladadas a las comunidades para hacer efectivo el pago del bono Juancito Pinto o la Renta Dignidad.

Con el Túpac Katari, antenas como estas podrían ser utilizadas para la instalación de una especie de centros en comunidades pequeñas (a semejanza de puntos de Internet), donde los pobladores puedan acceder a diferentes servicios, aunque no se instale en cada vivienda.

Siles, de la ABE, aseguró que después del Túpac Katari se pretende adquirir un satélite de prospección que permita tomar imágenes del territorio, detectar recursos naturales, prevenir desastres y tener soberanía en las fronteras.

    MÁS DATOS    

 

Al margen de alquilar el servicio satelital a las operadoras privadas en el país, la ABE tiene previsto utilizar el Túpac Katari para la teleducación (educación a distancia), telemedicina y los sistemas de la Aduana, Policía, YPFB, entre otros. Asimismo, está haciendo tratativas para que países vecinos como Paraguay y Uruguay alquilen un espacio en el satélite.

Brasil es el líder espacial en Latinoamérica, no solo controla satélites a través de su agencias espacial, también cuenta con el operador satelital comercial Star One. Incluso intentó realizar lanzamientos (fallidos) de cohetes y tiene al astronauta Marcos Pontes. México, Argentina, Chile y Venezuela le siguen en el ingreso a la era espacial, según Juan Manuel Cárdenas.

74 profesionales se capacitarán durante un año en China. Unos serán profesionales jóvenes y otros con experiencia. Un requisito básico es el inglés.

Algunos ingenieros consultados por este diario prefirieron abstenerse de dar opinión por temor a represalias, pues consideraron que el tema del satélite está tan politizado como otros. Sin embargo, pusieron en entredicho el provecho que podría sacarle el país para justificar una inversión millonaria.

«Fuimos a EEUU y a Francia»
Gualberto Rojas / Técnico de telecomunicaciones

– En 1989, cuando se creó la estación terrena de La Guardia, ¿cuál fue la capacitación que recibió?

– Yo trabajaba en Entel de La Paz y ahí me seleccionaron entre cinco profesionales para capacitarnos y hacer las pruebas de aceptación de la fabricación de los equipos que íbamos a instalar en la nueva estación. Estuvimos tres meses en EEUU y Francia, luego volvimos.

– ¿Sabía algo del tema?

– Ya trabajaba en la estación de Tiwanaku, tenía cierta experiencia. Esto fue complementario, lo que cambió fue la tecnología analógica por la digital.

– ¿Desde entonces hasta hoy, la tecnología satelital cambió mucho?

– No, básicamente sigue igual, obviamente que los equipos son más modernos, de menor consumo y mayor potencia, los tipos de modulación también cambiaron, pero en general los sistemas de transmisión son los mismos.

– ¿Tener un satélite propio es el inicio de la era espacial en Bolivia?

– No creo que vayamos al espacio, pero podríamos desarrollar una tecnología para diseñar y lanzar nuestro propio satélite, porque esa es una tecnología muy cara, creo que a eso se está apuntando inicialmente.

– ¿Le gustaría volver a repetir su experiencia pero en el Túpac Katari?

– La gente nueva tiene que entrenarse, yo estoy aportando en ese campo (como técnico en Entel, regional Santa Cruz).

Una estación que se cerró por años y hoy empieza a renovarse
Rodeada por la espesa vegetación, el canto de los pájaros y la suave brisa del atardecer, una gigantesca parabólica que pesa cerca de 30 toneladas aparece imponente en medio de otras más pequeñas y algunas antenas. La estación terrena de La Guardia estuvo cerrada desde 2001, pero hace cuatro años reabrió sus puertas, archivó los viejos equipos y adquirió otros con los que está operando a la espera del lanzamiento del satélite Túpac Katari.

En 1989 el Gobierno dio luz verde para la instalación de la estación terrena con un costo de $us 5 millones, especialmente para la telefonía fija internacional. Sin embargo, al cabo de unos años Bolivia logró interconectarse con EEUU y Europa a través de fibra óptica de cable submarino, por lo que el flujo satelital fue innecesario. Finalmente, la estación se cerró.

Hoy cuenta con nuevos equipos de origen estadounidense que son controlados por un grupo de ocho técnicos a la cabeza de Diego Serrano, encargado del lugar.

Serrano explicó que desde la estación se opera con los satélites Intelsat, SES 4 y Telstar II para dar telefonía pública rural a comunidades lejanas que no tienen radiobases, atender el envío de datos e Internet de clientes corporativos como empresas mineras, petroleras y bancos (lejos de centros urbanos), además de telefonía móvil con acceso satelital donde no hay fibra óptica; por ejemplo, en San Matías.

Las lluvias intensas son el factor que más afecta a los equipos, dijo Serrano.

Se cree que todos estos servicios se trasladarán al nuevo satélite Túpac Katari una vez que entre en funcionamiento.

El Gobierno anunció una inversión de $us 16,5 millones en la construcción y equipamiento de la principal estación terrena para el control del Túpac Katari que estará en El Alto y una suma similar para la estación de La Guardia. También trabajarán profesionales que serán capacitados en China.

 

Fuente:  http://www.eldeber.com.bo/el-satelite-bajara-costos-en-el-campo-no-en-ciudades/120804230743